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Cuando te enfrentas a lo desconocido, el miedo se apodera de uno. Como padres estábamos angustiados, no sabíamos reaccionar a lo que estaba pasando, ni mucho menos cómo tratar a nuestra hija, que de un momento a otro comenzó con trabas y, prácticamente, dejó de hablar.

Dios, el universo, el destino, o lo que haya sido, nos llevó donde Camila y descubrimos un mundo nuevo, donde la tartamudez no es un problema, sino una oportunidad para unirnos como familia, donde comunicarnos, más lento y constante -como dice nuestra pequeña-, es lo esencial.

Camila fue nuestro Oasis en medio del desierto, fue nuestra guía en un momento donde todo parecía negro. Su empatía, cariño para con nuestra hija, su facilidad para explicar lo que estábamos viviendo, fue fundamental.

Nuestra hija es feliz, una niña como cualquiera de 5 años, no para de hablar, aunque las trabas se presenten, sigue adelante, porque sabe que la tartamudez no es una enfermedad, sino es solo una característica del habla y que no presenta un problema para relacionarse con su entorno.

Todo eso lo aprendimos gracias a la Cami y estaremos eternamente agradecidos de su ayuda, enseñanza y, ahora, de su amistad, porque conocimos una mujer realmente maravillosa.

 

Familia Araya Sepúlveda

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